Para nadie es un secreto que lo mal que la están pasando los venezolanos, se debe al manejo ineficiente e ineficaz dado por nuestros dirigentes a los factores económicos, sociales y políticos que atañen al país. Y como si fuera poco, las estadísticas oficiales no se publican, para no dar sensación de que el daño es peor que lo que estiman los analistas respectivos.

La falta del suministro oficial de las estadísticas, es una gran deformación, ya que si no tenemos estadísticas creíbles acerca de la situación real de Venezuela, tan poco se podrán aplicar adecuadamente las políticas públicas correctivas, ni las estrategias adecuadas por el sector privado.

Según el comentario general de la sociedad, pareciera que estamos llegado al umbral de lo que el venezolano está dispuesto a soportar. No es ningún invento que la población en general manifiesta signos de inconformidad, en relación con su situación económica, con la diatriba política que nos divide cada vez más y con las consecuencias sociales que se derivan. Todas, pero todas las encuestas lo reflejan. Por tanto, es el momento de buscar y acordar soluciones que nos conduzcan por un sendero más claro de esperanzas y de cambiar la actitud acerca del devenir del futuro de nuestra nación y no esperar que la gente se siga frustrando y actué de forma inesperada e irracionalmente con consecuencias impredecibles.

Es sabido por la historia, que los países pasan por recesiones, por coyunturas económicas, crisis y muchas cosas más; tenemos el caso de muchos de nuestros países vecinos que, en otros momentos, la pasaron muy mal. Pero ahí están, no se acabaron, corrigieron lo que debían corregir y hoy muestran cifras alentadoras de crecimiento económico y social. Recordemos que Brasil, a mitad de los ochenta, vivió niveles de inflación inimaginables para nosotros los venezolanos y vean lo que es Brasil hoy: La mayor potencia latinoamericana. ¿Y cómo sucedió ese fenómeno? Fue el resultado de la reflexión, del diagnóstico entre ellos mismos y con disposición al cambio por un futuro mejor. En otras palabras, los brasileños entendieron que debían trabajar en conjunto por un mejor país, y ahí están los resultados.

De tal manera que, la caída de los precios del petróleo y la disminución de los ingresos que tendrá la república por su dependencia de la principal industria, nos debe alentar a tomar las riendas de nuestra nación y hacer lo que desde hace mucho tiempo se ha cacareado, que no es otra cosa que trabajar en el proceso de sustitución de importaciones, mediante el fomento de la producción nacional. Y eso es lo que deben apoyar los directivos del país, no de ideologizar a trocha y mocha, eso no ha resultado ni resultará. Mientras que el empresariado, de una vez por todas, debe retomar el ritmo de la producción e invertir y a no depender exclusivamente de las divisas del Estado, las cuales han sido dilapidadas a través de los negocios impregnados de corrupción. Es decir: Necesitamos el concurso de esos empresarios que han demostrado tener una alta vocación de trabajo por el país y con altos niveles de responsabilidad social empresarial.

Reflexionemos acerca de lo dicho recientemente por el papa Francisco: ¨estamos frente a una economía y una política que no reconocen el valor de la familia y que se basan en el bienestar individual y explotan los vínculos familiares¨.

Vale recordar: ¿Por qué tan pocos tienen muchos y tantos tienen tan poco o nada? Es sabido que muchas de las grandes riquezas son mal habidas, y mientras eso no cambie, las sociedades seguirán enfrentadas.