Zazen

”Conserva tu corazón lleno de amor.
Una vida sin amor es como un jardín sin sol,
donde todas las flores están muertas”.

Oscar Wilde

Ante la realidad de un entorno muy agitado, en donde se manifiestan por doquier contaminaciones que atentan contra el crecimiento personal, especialmente el espiritual, es necesario compenetrarse con aquellas técnicas que permitan rescatar esa armonía, seguridad, paz y se pueda hacer uso del potencial humano que se nos ha legado a través de energía que debemos saber administrar.

En este caso, el Zen puede ayudarnos ayudar a crecer, a que nuestro tránsito sea el mejor, mientras permanezcamos en esta dimensión.

Dokushó Villalba nos destaca, que nuestro mundo interior permanece en la sombra; no obstante, tenemos un jardín secreto que no hemos sabido aprovechar y en donde la mente puede ser justamente como un jardín abandonado, en el que proliferan zarzas y malas hierbas -pensamientos obsesivos, emociones perturbadoras…- Fruto de ello es un estado mental y emocional confuso y agitado, insatisfactorio en suma.

Todo ello nos conlleva a la labor de limpiar ese jardín y para ello nos podemos valer del Zen. Por tanto, no debe extrañarnos que si queremos saber lo que nos ocurre, no tenemos más remedio que mirar dentro, comprendernos a nosotros mismos, clarificar nuestras aspiraciones, simplificar nuestros deseos y encontrar el propósito de nuestra existencia.

Zazen como nos lo indica Albert Low (1977), significa Zen “sentado”, y es justamente en esta postura, donde se medita y es como se debe practicar el zen inicialmente. En el Zazen, el practicante se sienta con las piernas cruzadas, en la postura tradicional de Buda, y las manos según uno de los métodos fijados. Si resulta demasiado difícil o doloroso sentarse en la postura correcta, se pueden introducir algunas variaciones, incluyéndose la de sentarse en una silla. Pero cualquiera que practique el Zazen llega a darse cuenta de que, no cabe duda, de que la postura preferible es la de sentado, con cada pie apoyado en el muslo contrario.

Sea cual fuere la posición adoptada, es muy importante prestar gran atención a varios puntos esenciales. La columna vertebral debe mantenerse recta y toda la postura debe apoyarse en un “centro de gravedad” natural. No hay que estar rígido, sino más bien permanecer sentado igual que un árbol fuerte y robusto, enraizado en la tierra, de la que brota naturalmente.

Cabe destacar como lo indica Low, que en los templos Zen se emplea otra ayuda para profundizar el Zazen. Unos ayudantes, escogidos entre los practicantes más avanzados, golpean a los otros en los hombros con un trozo de madera de diseño especial. En japonés se llama Kyosaku, pero en América se le denomina sencillamente remo. En realidad su forma es la semejante a un remo, tiene aproximadamente un metro de largo por unos ocho centímetros de ancho, y en el extremo que golpea al hombro, un grosor de unos cuatro centímetros. Al ayudante se le enseña cuidadosamente a golpear, de tal modo que el remo no pegue en el hueso, y quien lo hace bien, aunque golpee con mucha fuerza, no daña en absoluto los músculos del hombro. A primera vista esta práctica de golpear a los practicantes puede resultar sorprendente, especialmente para quienes creen que el Zen vuelve a las personas soñadoras o introspectivas, o a los que opinan que el Zen es un modo de escapar del dolor y las dificultades de la vida. Pero para alguien que practique el Zazen profundo, el remo puede resultarle muy estimulante. El ayudante no emplea el Kyosaku como un instrumento punitivo; no es en modo alguno un instrumento de amonestación, y el Maestro de Zen seleccionará cuidadosamente a ayudantes, para que no caigan en el error de emplear el Kyosaku sin compasión, y sin todo respeto hacia el practicante. En un templo bien organizado, esos ayudantes serán siempre practicantes que han despertado ya a la verdad.

Lo cierto, que el Zazen ofrece un antídoto para la presión del dilema y la tensión ejecutiva. Es así como Low, nos recuerda que el Zazen es un excelente método de entrenamiento de la mente y en donde podemos ser capaces de descubrir el cómo resistir las tentaciones a lo que anteriormente sucumbíamos y de romper lazos que antes nos habían esclavizados. Se da un enriquecimiento de la personalidad y mayor fuerza de carácter, puesto que los tres elementos básicos de la mente- intelecto, sentimiento y voluntad- se desarrollan de modo más armónico.

Se agrega además que el trabajo equilibrado por el Zazen, puede proporcionarnos un modo natural de enfrentarnos a nuestra esquizofisiología. El Zazen, por tanto, es un medio de adquirir el valor necesario para cambiar, y por tanto, la disciplina del Zen es una disciplina orientada hacia la adaptación. La meta más alta del Zazen desde luego, es la liberación; es decir, liberarnos para poder vivir totalmente de acuerdo con la naturaleza de las cosas, totalmente de acuerdo con el cambio. Una de las percepciones primarias que se deriva del Zazen, es la no existencia de las cosas. No olvidemos, la propia naturaleza de toda existencia es el cambio… Cada existencia es una forma momentánea, que aparece según las condiciones que prevalecen, pero sin poseer forma propia. . Eso se conoce con el nombre de la doctrina del vacío. Vacío significa que hay un cambio constante. Lo que llamamos cosas no son más que diversas graduaciones del cambio. Nada perdura, pero algunos cambios son más fuertes que otros.

El hecho de que el Zazen nos libera para que vivamos de acuerdo con el cambio, se pone claramente de manifiesto, y de la manera más teatral, en el modo como el verdadero practicante del Zen se enfrenta a la muerte, el mayor de todos los cambios. Recuérdese lo que un maestro Zen al respecto dijo en el momento de su muerte: “Montado en este caballo de madera, vuelto del revés. Estoy a punto de galopar por el vacío. ¿Intentaréis seguir mis huellas? Mejor procurad capturar la tempestad con una red. Durante setenta y dos años: He mantenido sujeto al buey. Hoy, cuando los ciruelos florecen de nuevo le dejo vagabundear por la nieve.”

El Zazen es la disciplina del cambio, y el grado en que una persona es capaz de adaptarse al cambio y a lo inesperado, es lo que indica la profundidad del Zazen y de su concienciación. No olvide, que el hombre verdaderamente libre actúa de modo, que en cada momento se realice el potencial a través de él. Por el respeto que siente hacia las limitaciones potenciales de la situación, es por lo que el practicante del Zen respeta la profunda verdad del Karma.

El karma es sabido es el equivalente espiritual del axioma newtoniano de que para cada acción existe una reacción igual y de signo opuesto.

Villalba, por último, nos recuerda, que en una sesión de Zazen es importante cultivar cuatro actitudes básicas que atañen al cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu: Estabilidad corporal; aceptación emocional; objetividad mental y apertura espiritual. No lo descuide.

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(*) Docente de Postgrado, Faces, Universidad de Carabobo, Ingeniero, Exatec.

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