Algo sobre la teoría de los rasgos

Amelang Manfred (1986), citando a Graumann (1960), refiriéndose a los rasgos dice que “son disposiciones relativamente amplias y temporalmente estables hacia determinados modos de conducta que se mantienen en diferentes situaciones”.

La anterior definición enmarca, en un sentido general, aquello que denominamos Rasgos; en este punto es importante resaltar que, como seres humanos insertos dentro del mundo, sujetos indiscutiblemente a relaciones socio–culturales en razón de nuestra naturaleza de “ser sociales”, a través de la interacción con nuestros congéneres, tendemos a describir, calificar o rotular a los demás como “inteligentes, perezosos, serviciales, honestos, abiertos, agresivos”, identificando de esta forma sus disposiciones operativas.

Cuando se habla de rasgos, se debe considerar que la asignación de las demás personas se hace a través de los siguientes modos: Adverbial (esta persona se comporta agresivamente, etc.), Adjetiva (esta persona es sincera, franca, etc.), Sustantiva (la inteligencia de esta persona le facilita la vida profesional) y en ocasiones existe la tendencia a describir las actividades de las personas (esta persona lee, hace deporte etc.).

Es importante agregar a la definición de los rasgos, que estos son inherentes a cada persona, por lo cual se distinguen de los demás, se establecen diferencias en razón de su “ser individual”, debiendo existir una valoración de las diferencias individuales.

Otro aspecto relevante, es que la atribución de los rasgos obedece a la observación de las conductas de las personas; por ejemplo, la disposición de perezoso se efectúa observando a las personas y, por tal razón, una persona que no hace nada, que prefiere quedarse durmiendo y/o sentado viendo pasar los días, es rotulada como flojo; aquí evidenciamos una relación causa–efecto.

En nuestra cotidianidad, con frecuencia nos sorprendemos de las reacciones, actitudes y comportamientos de personas que creíamos conocer; bien, esto nos da la pauta para establecer la complejidad del ser humano y de los graves errores en que podemos incurrir cuando rotulamos mal a alguien, la idea es como dice la definición: “que la conducta se mantenga en diferentes situaciones”, pero realmente esto no sucede ya que somos seres vulnerables, sujetos a la influencia del medio ambiente; el cómo reacciono hoy ante una situación de una manera y dentro de seis meses ante una situación similar, está influenciada por el contexto, y por las motivaciones internas e individuales.

Un punto interesante con relación al comportamiento de los demás, es mantener cierto grado de expectativa, especialmente cuando observamos que se enfrentan a una situación determinada: Imaginemos, que vamos en un autobús y centramos nuestra observación en un señor que va sentado un puesto delante de nosotros, y de repente, se sube una señora y se sienta a su lado pegándole involuntariamente con el bolso; el señor comienza a agredirla verbalmente. En ese preciso momento, podríamos preguntarnos: ¿Cuál seria mi reacción ante tal situación?, y aunque una probable respuesta fuera “mi actuación sería distinta porque la señora ofreció disculpas, porque es una mujer, etc.”, lo importante es saber que allí vimos a una persona con actitudes diferentes a la nuestra y que emitió un comportamiento propio de su naturaleza individual. En esta situación particular, no podemos hacer inferencias sobre el comportamiento de esa persona, toda vez que desconocemos su estado anímico y su conducta en general.

El ser humano, es un sistema complejo de explicar. Sería interesante cuestionarnos sobre lo siguiente: ¿Cuando actuamos frente a una situación determinada, lo hacemos con la mayor sinceridad o nos colocamos una máscara que está destinada, por un lado, a producir una determinada impresión en los demás y, por el otro, a ocultar nuestra verdadera naturaleza?

Hace algunos días leí una frase que llamó mi atención: “yo soy un ser que desconozco”; esta frase encierra una gran verdad, porque diariamente nos enfrentamos a situaciones tan trascendentales y, ante ellas, respondemos de una manera que consideramos adecuada; y si la misma situación se nos presenta hacia el futuro, terminamos respondiendo en forma contraria a la inicial. Cada día, ajustamos nuestro ser a la cotidianidad, en ocasiones emitiendo conductas que serán calificadas por los demás, y hasta por nosotros mismos, como adecuadas y/o inadecuadas.

Referencias
Amelang, M. (1986). Psicología Diferencial e Investigación de la Personalidad
Esteva Fabregat- C., (1993). Cultura, Sociedad y Personalidad. Ed:Anthropos

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