Dan Agin y las Mentiras de la Ciencia

La verdad se desprende del bien, como la luz se desprende del Sol; en todo hay algo bueno, en todo hay algo de verdad.

No todo ha sido verdad en muchas de las aportaciones de las ciencias en pro de explicaciones a fenómenos, hechos que se presentan en esta dimensión, incluyendo desde luego, todo lo que involucra a sus actores, que incluyen al ser humano, los animales, clima, atmósfera, aire, por citar algunos.

Se han encontrados muchas mentiras que invitan a ser tomadas en cuenta, por lo que ello involucra a estar más atentos a lo que realmente nos legan la ciencias en pro de conocer y manejar las variables científicas de muchos hechos, sucesos.

En esta oportunidad, nos concretamos a las opiniones de Dan Agin sobre el tema que nos interesa desarrollar.

Se sabe, que DAN AGIN es doctor en psicología biológica. Se ha dedicado durante más de treinta años a la investigación neurobiológica. Profesor emérito de genética molecular y biología celular en la Universidad de Chicago, en la actualidad es editor jefe de la publicación Science Week.

Dan Agin ha escrito los libros ‘Las mentiras de la Ciencias’ y ‘ Ciencia basura’. En el libro ‘Las mentiras de la ciencia’, nos señala ‘lecturalia.com’(1): Se expresa, una vigorosa denuncia de la manipulación científica en los ámbitos de la nutrición, la medicina, el medio ambiente y la biotecnología. ¿Sabe que los alimentos modificados genéticamente no entrañan ningún riesgo para la salud humana y que su explotación podría solventar muchos de los problemas del Tercer Mundo? ¿Y que la experimentación con células madres es completamente lícita y no plantea ningún dilema moral? ¿Y que el cambio climático es cierto, pero no como suelen contarlo?

Las mentiras de la ciencia es un alegato cuidadoso y extraordinariamente razonado contra los peligros de la corrupción de la ciencia, en el que su autor, Dan Agin, nos advierte del alto precio que, sin darnos cuenta, estamos dispuestos a pagar a cambio de una pretendida comodidad y tranquilidad.

‘desdeelexilio.com’(1) por su parte, nos proporciona algunos aspectos interesantes sobre el tema en una entrevista a Dan Agin, quien expone: La ciencia es influyente, porque es la principal fuente de nuestro conocimiento del mundo real, y porque la ciencia aplicada puede producir nueva tecnología, a menudo, muy beneficiosa para todos nosotros. Los científicos son influyentes, porque la gente les ve como autoridades, pero en verdad la mayoría de los científicos sabe mucho de su especialidad y no mucho de todo lo demás. Sí, supongo que hay un “sacerdocio” en la ciencia, pero no pronuncian votos, no visten hábitos y, en general, evitan dictar la moralidad.

Considérese además, señala Agin y así nos los expone la fuente de información citada, que los científicos son personas como todas las demás, y sus motivaciones no son diferentes. Algunos están en la ciencia, porque disfrutan de la competición con gente inteligente. Otros, están para mejorar su estatus social y ganar dinero. Y otros, tal vez una minoría, están en la ciencia, porque quieren conocimiento puro y disfrutan resolviendo enigmas. Por supuesto, como con mucha gente, los motivos de una persona pueden ser mixtos. Sobre todo, los científicos son simplemente personas.

Antes las preguntas que se le hicieron, concretamente y en forma textual que se expone, están:

En la ciencia en sí, ¿cuánto hay de especulación, de hipótesis, de interpretación, y cuánto hay de certeza?
En la ciencia no hay certeza. Cualesquiera conclusiones que se tengan, están basadas (o deberían estarlo) en los hechos tales como existen hoy. Si mañana llegan nuevos hechos en el correo, uno puede tener que cambiar sus conclusiones. Por supuesto no es tan fácil, y muchas personas se aferrarán a sus conclusiones hasta la muerte, sin importar qué nuevos hechos lleguen. Pero antes o después, la vieja guardia muere y la nueva guardia la sustituye. No hay mucho que decir sobre “especulación” o “hipótesis” o “interpretación”. La idea es usar los ojos y oídos (y a veces la nariz), obtener los hechos, construir instrumentos sensibles si los sentidos propios no son suficientes, usar el cerebro y mucho sentido común e intentar entender el mundo real tal como es y no como le gustaría a uno que fuese. La idea es ser tan frío y objetivo como sea posible y conocer la realidad. En algunas ocasiones, uno puede estar más seguro de sus conclusiones que en otras; depende de dónde se esté buscando. Idealmente, todo científico es un juez imparcial en el tribunal de la Naturaleza… ¡y un juez que, a menudo, cometerá errores!

¿Qué oportunidades y riesgos conllevan los espectaculares avances que se están dando en neurociencia, embriología y genética? ¿Existe el riesgo de que surjan manipuladores de las mentes, discriminaciones por razón de genes o creadores de seres posthumanos?

Siempre hay riesgo de una u otra especie en cualquier nueva tecnología. La primera familia, que encendió un fuego dentro de una cueva, corrió un riesgo. La historia del progreso humano es una historia de riesgos. Sin riesgos, estaríamos aún en una Edad Oscura. Hay demasiada miseria en el mundo, enfermedad y hambre e ignorancia, para que no corramos riesgos para mejorar la vida de la gente.

Dada la complejidad de la sociedad actual, y el grado de conocimiento que se ha llegado a obtener de forma distribuida, resulta muy difícil para una persona corriente, mantenerse debidamente formada e informada de todos los asuntos que afectan de forma directa o indirecta pero significativamente a su vida. ¿Qué consejos daría a quien no quiere dejarse engañar, pero no puede disponer de todos los datos para contrastar los mensajes contradictorios que recibe?

No es fácil. Pero también es ridículo que la persona media sepa más de cómo funciona su automóvil, de cómo funciona su propio cuerpo, o más sobre los jugadores del equipo local de fútbol, que sobre el personal médico local que tomará decisiones sobre la vida y la salud en la comunidad. Es necesario ser como un científico, frío y objetivo, tan frío y objetivo sobre qué ideas sostener y qué creer como es sobre qué automóvil comprar, o qué cuchillo para la cocina. ¿Quién es responsable de sus conocimientos, sino uno mismo? ¿Y cuándo empezará esa responsabilidad?

Muy interesante además, en relación a este tema, es considerar lo que nos expone ‘papelenblanco.com’(1): que sin embargo, la ciencia, aunque es la forma más objetiva y mejor calibrada para acercarnos lo máximo posible a la verdad (o al menos a una verdad lo suficientemente objetiva como para que nos resulte útil), no puede desarrollarse en toda su amplitud, a causa de un lastre en forma de ser humano: el científico.

De hecho, muchas personas (sobre todo los ignorantes científicos o los aquejados del síndrome de Frankenstein, ergo, del miedo irracional al progreso científico), suelen confundir la ciencia con el científico, para así poder cargar las tintas contra el primero.

Y así, afirmaciones del tipo ‘la ciencia se equivoca muchas veces, la ciencia es capaz de producir males terribles, la ciencia comete muchos fraudes, la ciencia no resuelve problemas importantes o cotidianos’ no son de recibo, pues en todas ellas debe sustituirse la palabra “ciencia” por la palabra “científico”. O lo que es lo mismo: “ser humano”. Es decir, una criatura falible, arrastrada por intereses personales, a veces inmoral, imperfecta.

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(1) Fuentes de información debidamente señaladas.

(*) Docente universitario de Postgrado en FACES, Universidad de Carabobo, Cátedra de Gerencia de la Calidad y Productividad.

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