El comportamiento de los latinos en un ambiente anglosajón

Estas reflexiones son producto de múltiples observaciones en diferentes ámbitos entre latinos y anglosajones y no representan un estereotipo o una tendencia típica de los latinos en un ambiente anglosajón, sino más bien la intención del autor es invitar al lector a cuestionarse en lo más profundo de su ser ¿Por qué somos, còmo somos? ¿Qué buscamos? ¿Qué queremos? Y a ¿Dónde queremos ir?

¿Qué pasa cuando un latino llega al poder? ¿Por qué pierde piso, como comúnmente se dice? Si alguien responde esta pregunta, con bases teóricas desde el punto de vista antropológico, amerita el premio Nóbel.

Pedro, inmigrante de un país latino, llega a los Estados Unidos y calladito, sin hacer ruido, genera su dinerito y no molesta a nadie, sólo se encarga de enviar el producto de su arduo esfuerzo a los seres más queridos en su país de origen. Pedro es un fantasma en Estados Unidos, ni siquiera existe como un ente de peso en el ambiente económico poderoso del primer país del mundo civilizado, ni siquiera forma parte de la estadística formal. Así vive, y así morirá sin que nadie se de cuenta de su existencia, en la gran masa social-económica de Estados Unidos. Llamemos a Pedro “débil”, a manera de ejemplo.

Juan, por el contrario, es un latino que ha subido la escalera del poder y “se codea de tu por tu” con los anglosajones y cualquier otra cultura; es arrogante y no deja que sus compatriotas suban al poder, sólo extranjeros de otras nacionalidades. ¿Qué pasa con estos dos extremos? El primero, tiene miedo y se mantiene en bajo perfil y el segundo es todo lo contrario, su autoestima lo lleva al extremo. ¿Por qué existen estos dos extremos en nuestra cultura, además de una mezcla de ambos y quizás muchos intermedios? El punto de este análisis no es el de estereotipar, pero de reflexionar. Llamemos a Juan “fuerte”, sólo como ejemplo, para seguir la discusión.

Estos dos extremos, (fuerte y débil), son observados en lo individual. Veamos ahora el ejemplo de interacciones en grupo. Hemos observado que si dejamos la tarea a varios latinos de organizar un evento, o bien, una actividad comunitaria que involucre a otros que no sean latinos, ¿Qué pasa?

1. Se forman grupos de los más fuertes halando a los más débiles y los “sin carácter”.
2. Los fuertes se atacan entre si y algunos forman alianzas, mientras se necesiten unos de otros.
3. Los débiles son utilizados por los fuertes para meterles zancadillas a otros débiles y a otros fuertes, (en grupo los débiles se fortalecen, agarran valor)
4. La formación de grupos o “bandos” es tan marcada, que se pierde el objetivo del evento comunitario y, más bien, se convierte en guerras de poder, “a ver quién puede más y hasta dónde”
5. Los grupos o “bandos” intentan dejar fuera de las actividades comunitarias, a personas que les intimidan o no pueden controlar, por el simple hecho de proteger a sus aliados “débiles y fuertes”.

Quizás sea recomendable recordar por qué llegamos a este país de múltiples oportunidades y bendiciones, huyendo de otros fuertes que acaparan el mercado en nuestros países y sólo dejan entrar a los débiles que pueden manipular.

Quizás en este nuevo año sea bueno reflexionar sobre el tema y ver en dónde nos identificamos en esas dos grandes categorías, “fuertes” o “débiles” o una mezcla, dependiendo de la situación o contexto que estemos viviendo.

Los invito a reflexionar:
¿Por qué, si soy fuerte, no utilizo mi fortaleza para ayudar en lugar de atacar?; pero no sólo ayudar al débil, sino también a otros fuertes.

¿Por qué, si soy débil, espero cualquier oportunidad para aliarme a otro, con el afán de atacar y no hacer unión con todos?

¿Por qué, si soy débil, espero fortalecerme a través de otros y luego guardo rencor y ataco a los otros, cuando tengo el valor o el poder?

Reflexionemos: ¿Qué hace a este país tan grande? ¿No será la unión de todos en las buenas y en las malas, y no sólo en las malas como en nuestros países? ¿Es que necesitamos que pase una desgracia como la inundación de Tabasco para unirnos todos? ¿Si ese es el caso, por que no aprender a disfrutar los triunfos de otros? y no sólo dejar de sentir empatía en momentos de tragedia.

¿Por que le pedimos a Dios por que nos ayude en tiempos difíciles, y nos olvidamos de Él en tiempos de felicidad y, más aún, se nos olvida dar gracias por todo lo que tenemos?

¿No será parte cultural que, hasta en la religión, actuamos de la misma forma que con nuestros prójimos?

¿Qué hacer? Quizás la solución es tan sencilla como aprender a comer; es decir, enseñando con el ejemplo. Si somos padres, enseñarles a nuestros hijos. Empezar con nosotros mismos.

Para cambiar una cultura se requiere de otra cultura. Es importante notar que si no cambiamos en nuestros países, tenemos la oportunidad de cambiar en este gran país.

(*) Autor del libro “Negociando como un Fenicio”,
(en colaboración con Dr. Randy D. Hazlett)

Pàgina Web: www.keynegotiations.com

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