Un artículo reciente de BBC Mundo -que ha sido publicado en diferentes medios informativos de Venezuela y de América Latina-  da cuenta del intenso tráfico de jet privados que une semanalmente a Caracas con Miami. Aun cuando los datos se refieren al 2013, todo parece indicar que la disminución de los vuelos comerciales regulares que ha tenido lugar durante 2014,  ha incrementado el tráfico en los mencionados jet privados. En 2013 ellos llegaban aproximadamente a unos 75 vuelos semanales. Eso coloca a esa ruta entre las de mayor crecimiento en América y el mundo, casi a la misma altura que la ruta de jet privados entre Moscú  y la Costa Azul, utilizada por los ricos rusos –mafiosos o no mafiosos- para ir a divertirse en el occidente que se les cerró durante tantos años. 

El vuelo en jet charter entre Miami y Caracas, en una sola dirección, sin vuelo de regreso incluido, tiene un costo aproximado de 20 mil dólares. Aun cuando eso se reparta entre 5 o 6 pasajeros, tiene un costo  sustantivamente más elevado que el pasaje en las líneas aéreas comerciales. Se trata indudablemente de un tipo de servicios que solo es posible de ser utilizado por los antiguos y los nuevos ricos existentes en Venezuela, que en materia de gustos y de gastos, son tan extravagantes como los ricos rusos. Es dable suponer también que en esos jet no aceptan bolívares ni de propina, razón por la cual los usuarios de esos servicios tienen que tener acceso permanente y en no pequeña cantidad a la divisa verde.

En el artículo  que comentamos se registran declaraciones de personeros ligados a la venta de estos servicios, en que se caracteriza  a los clientes básicamente como empresarios que tienen sus familias en Miami, pero sus negocios en Venezuela, y que por lo tanto, van los fines de semana a visitar a la familia, y regresan los días hábiles a Venezuela a producir los reales como para pagar ese tren de vida. No es fácil caracterizar  más a fondo  a ese estamento de empresarios, pero es posible al menos dejar sentadas algunas hipótesis al respecto. Una primera hipótesis  es que se trata empresarios rojo rojitos, que han amasado y  siguen amasando  grandes fortunas en los procesos de importación o de comercialización que están controlados por el Gobierno. Tienen acceso al reparto nunca bien justificado de los dólares a precios subvencionados, y/o a las compras y ventas de bienes y servicios en los cuales, los entes estatales conservan el monopolio de la compra o de la venta.  Se trata, en todo caso, de empresarios que no tienen solo a su familia en el exterior, sino también a  gruesa parte de los capitales que han logrado ganar, pues los tiempos se pueden poner difíciles y más vale prevenir que curar. Otra hipótesis es, que no se trata  exactamente de empresarios, sino más bien de funcionarios que en función de sus cargos, han logrado algunas donaciones privadas que le permiten vivir cómodamente –a  ellos, sus hijos y sus nietos- en Miami o en cualquier otro lugar del mundo. 

Tampoco hay que despreciar la hipótesis, que se trata de empresarios que hoy y siempre han tenido sus actividades económicas en Venezuela, pero en los largos años en que acumular dólares en el exterior, era un fenómeno enteramente legal y normal, acumularon una cantidad  suficiente como para decidir libremente dónde radicar a la familia.

Los protagonistas de las dos primeras hipótesis, en caso de que existan,  no creo que sean revolucionarios muy dispuestos a jugarse el todo por el todo al lado de los rojos rojitos locales, en caso de que a estos les vaya mal.  Los protagonistas de la última hipótesis –en caso también de que existan-  no creo que sean opositores dispuestos a arriesgar mucho en su condición de tal, pues su situación objetiva de vida ya depende de otras circunstancias diferentes a los avatares de la política venezolana.

En todo caso, identificar a los  pasajeros de esos 75 vuelos privados, es un juego de niños para los servicios de inteligencia nacional, que deben a  estas alturas tener claritos los listados con los nombres, apellidos y curricula vitae de cada uno de esos viajeros. Quizás a muchos de ellos se les podría utilizar como buenos interlocutores con el imperio, para evitar que agredan a Venezuela. Es seguro que prestarían gustosos los servicios que sean necesarios para evitar una confrontación mayor.

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