La disposición al Cambio

Una caña es muy flexible y fuerte. Sabe controlar al desafiante viento ante su intenso soplar. Se mueve de un lado a otro flexionando su estructura, sin que la intensidad del viento más agresivo pueda lograr quebrarla.

Las empresas y las personas estamos sujetos siempre a nuevas situaciones y circunstancias que requieren, necesariamente, de una adaptación y aceptación.

También los empresarios, en tiempos de crisis, quieren que la situación cambie, que mejore; pero no aceptan cambiar. Suelen quejarse, incluso, del ritmo vertiginoso de los cambios; se sienten preocupados, temerosos y con incertidumbre.

Es por eso que, cada vez que uno se decide a cambiar, hay que profundizar. Las viejas formas de pensar y de actuar deben ceder, para dar paso a nuevas formas de pensamiento. Debe uno estar dispuesto a permitir que los cambios sucedan. Donde usted no quiere cambiar, es donde más necesita hacerlo.

Entonces, ser conscientes, es el primer paso para cambiar. Estamos tan permanentemente sintiéndonos presos de nuestras resistencias, que no queremos iniciar algún tipo de modificaciones.

También, el hecho de querer cambiar ahora mismo es, una forma de resistencia. Seguramente no nos estamos dando el tiempo necesario para aprender cómo iniciarnos y orientarnos.

Se justifica el cambio, siempre que éste sea considerado como beneficioso y necesario. Por esto, es importante que toda transformación sea analizada minuciosamente.

Conocer los beneficios que otorga el hecho de cambiar, requiere del enfoque preciso de una planificación que permita cumplir gradualmente los objetivos trazados.

Para cambiar se necesita, además, comprender el significado del cambio. Debe verse como un proceso y no como un resultado. El diccionario español nos dice que «proceso» es «progreso, acción de ir hacia adelante». Como notará usted, en ningún lado se habla de algo estático, sin movimiento e inmediato.

Es evidente que lo primero que les suceda a los miembros de una organización es, resistirse por principio al cambio. Según el principio físico de la «inercia», todo cuerpo tiende a conservar el estado donde se encuentra; es decir, que existe una real resistencia al «movimiento que exige el cambio».

El grado de resistencia al cambio, depende de su naturaleza y sus consecuencias. Los cambios siempre reemplazan «lo que se conoce» por «la in-certeza».

La dinámica de los sucesos estimula a las transformaciones, a proceder sin detenimientos. Visualizar el cambio implica, tener en cuenta los acontecimientos globales, como las economías internacionales, los comportamientos sociales del mundo, los nuevos modelos de pensamiento, etc.; y los procesos de transformación por la cual están atravesando las empresas: Tecnología de punta y las posibilidades que la Computación ofrece, nuevos métodos de producción y comercialización, exigencias del moderno consumidor, modelos organizacionales innovadores y mercados altamente competitivos. Se trata de observar los acontecimientos, hacer un análisis de las tendencias y responder a ellas con madurez y de manera eficaz.

Se generan entonces, nuevos conceptos, nuevas tendencias y teorías, por lo que se hace necesario tomar una actitud netamente reflexiva sobre el caso.

Búsqueda por la satisfacción de los clientes, calidad total, trabajo en equipo, información, innovación, diferenciación, son los aspectos que más se destacan en este nuevo camino de necesidades que motivan al cambio. Estoy seguro que en este inicio de siglo, las empresas tienen que enfrentar sus actividades desafiando lo inimaginable.

Las transformaciones en las empresas deben incluir al cliente en su sistema, hacerlo partícipe de las mejoras. Planificar estrategias competitivas que puedan permitirse ser modificadas, de acuerdo a las realidades dinámicas de los mercados. Cualesquiera que sean.

Entonces, las empresas que continúen estáticas y sin movimiento, no sobrevivirán. Estarán «remando contra la corriente», sabiendo que el cauce del río cada vez es más caudaloso. Más todavía, si los botes chocan con las piedras de la resistencia y no están preparadas para nadar; al menos, hasta sus orillas.

Los patrones o modelos, que hasta hace poco tiempo han funcionado, hoy sólo son paradigmas ineficaces con los cuales, continuar con ellos, sería estar signados al fracaso evidente. Se han modificado culturas y valores, produciendo sensaciones incómodas y hasta drásticas. Sobrevivir en las estructuras filosóficas nuevas, es la cuestión.

Aceptar el continuo hecho de aprender, significará desaprender aquellos modelos pasados, que petrificaron nuestras conductas de comportamiento.

Entonces, hablar de «cambio», no significa reemplazar algo viejo por algo nuevo y distinto. Es permitirnos que fluya la experiencia y los conocimientos de todos, dirigidos hacia la meta correcta; porque la reflexión que brota en mí, es: ¿Se capitalizarán aquellas experiencias y conocimientos no aprovechados de aquellas muchas personas, con su enorme potencial creativo?

(*) Consultor / Autor / Costa Rica

Páginas Web: www.grupodaion.com
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