¿Líder Qué? ¿Con qué se come eso?…. (Parte II/III)

JEFES QUE TIENEN LAS COSAS AL REVÈS: LOS LÍDERES BASURA – Por Jack Welch, El Sabelotodo

La primera y más frustrante forma como algunas personas pierden liderazgo es, dárselas de “sabelotodo.” Le pueden decir cómo funciona el mundo, lo que piensa la Junta Directiva, cómo algo va a resultar si Ud. hace esto o aquello, o porqué Ud. no puede cambiar nada al producto que intenta mejorar. Hasta le adivinan qué carro va a comprar. A veces, estas personas adquieren esta costumbre, gracias a algunas experiencias positivas que han tenido en el pasado; pero, por lo general, no son sino víctimas de fallas en su propia personalidad. Tanto Ud. como su empresa llegan a ser sus víctimas, porque los “sabelotodo” no son solamente insufribles, son peligrosos. No oyen, y esa “sordera” hace casi imposible que las nuevas ideas fluyan, se debatan, se desarrollen o se mejoren. No existe nadie, por inteligente que sea, que pueda llevar a una organización a su cima por sí solo. Para ello es necesario oír las voces y opiniones de todos, y lo que los “sabelotodo” causan es, un silencio mortal.

El Remoto: Si el sabelotodo se le restriega en la cara, el segundo tipo de mal líder es el demasiado remoto. Esos jefes emocionalmente distantes están más a gusto tras puertas cerradas que reunidos en un equipo. Por supuesto que asisten a las reuniones y desempeñan otras actividades requeridas, pero preferirían estar en sus oficinas viendo su computadora. Siempre que sea posible delegarán las cosas complicadas o los conflictos, a gerentes de Recursos Humanos o Relaciones Institucionales, si es posible en otro piso.

Al igual que el sabelotodo, este tipo de líder es también peligroso pero por otra razón. No se involucra, por lo que le es imposible inspirar a nadie. Este es un problema mayor, ya que los líderes necesitan seguidores para lograr lo que sea, y el combustible de un subordinado es, la pasión que el líder le inspira.

Las Manzanas Podridas: Una tercera categoría de Liderazgo Basura, está integrado por jefes que son unos perfectos imbéciles: Hirientes, sarcásticos, insensibles o las tres cosas juntas. Como un lector me escribió desde New York y me contaba: Mi jefe es un abusador, irrespetuoso, siempre buscando culpables y, a veces, hasta paranoide. Por lo general estos líderes están protegidos desde arriba, porque son útiles o logran los números, pero su personalidad destructiva hace imposible lograr la confianza de la gente. Esa no es la forma de llevar un negocio, que es la razón por la cual estos líderes generalmente se auto-destruyen. Lamentablemente, no tan rápido como uno quisiera, pero a menos que sea el dueño, al final sucede.

El Demasiado Bueno: El siguiente espécimen de Liderazgo Basura, es el “papacito.” Estos jefes no tienen la fuerza ni la capacidad para tomar decisiones difíciles. Le dicen “sí” a todo el mundo en la oficina y, después, necesitan horas para arreglar los problemas y la confusión que han causado. Estos jefes por lo general se defienden, diciendo que están tratando de crear consenso, pero lo que en realidad sucede es que están atemorizados. Su verdadera agenda es la auto-preservación.

El Conformista: El último estrato del Liderazgo Basura, son aquellos jefes que no tienen el guáramo para diferenciarse. La realidad es que no todas las oportunidades de inversión son iguales, y algunos líderes no pueden afrontar esa realidad, así que salpican sus recursos como si estuvieran echándole queso a una pizza: Un poquito aquí y otro poquito allá. Como resultado, las oportunidades de crecimiento no siempre reciben la infusión de recursos que necesitan, sea dinero, tiempo o gente…porque, si lo hicieran “alguien” en el proceso de asignación de recursos, podría sentirse ofendido…. Ese “alguien” bien pudiera terminar siendo el gerente de un negocio ya debilitado, o en extinción, o el promotor de una aventura de inversión dudosa. Pero los líderes conformistas son especialmente dañinos en lo que respecta a la gente. Como no son capaces (o quieren) realizar revisiones de desempeño francas, rigorosas y formales, dan a todos los empleados el mismo blando e inconsecuente “bien hecho” y se van corriendo. Si la empresa tiene la política de dar bonos, los de buen desempeño reciben lo mismo de los que están en el foso y entonces los jefes justifican su actitud como “justa”, cuando en realidad es una demostración de debilidad. Si Ud. está tratando de construir un negocio pujante donde la gente tenga la oportunidad de crecer y surgir, la debilidad es algo que no tiene cabida.

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