Mensajes que nos ayudan a ser mejores

En esta oportunidad, se han seleccionado breves historias, mensajes, que contienen esa vibración capaz de dar paso a estímulos que nos inviten a tomar conciencia de lo importante que es saber aprovechar nuestro tiempo mientras se nos da la oportunidad de permanecer, se comparten con el lector y confiamos que de acuerdo a su nivel su contenido le proporcionara la información requerida en pro de su crecimiento.

NO SE ME VOLVERÁ OLVIDAR JAMÁS

1.- YO no hablo, ni permito que se me hable nada que sea contrario a la perfecta salud, la felicidad y la prosperidad.
2.- YO le hago sentir a todo ser viviente que lo considero valioso.
3.- YO le busco el lado bueno a todo lo que me ocurre, y a todo lo que veo ocurrir a otros.
4.- YO pienso en todo lo mejor. Espero todo lo mejor. Trabajo únicamente por lo mejor.
5.- YO siento igual entusiasmo por lo bueno que le ocurre a otro, que lo que me ocurre a mi.
6.- YO olvido mis errores del pasado y sigo adelante a mayores triunfos.
7.- YO llevo una expresión agradable en todo momento, y sonrío a todo ser que contacto.
8- YO no tengo tiempo para criticar a los demás, ya que paso tanto tiempo mejorándome.
9.- YO me hago tan fuerte que nada puede perturbar la paz de mi mente.
10.- YO SOY demasiado grande para preocuparme. Demasiado noble para enfurecerme. Demasiado fuerte para temer. Demasiado feliz para permitir la presencia de algo negativo.

FORTALEZA ESPIRITUAL

La fortaleza espirituales necesaria para crecer espiritualmente y ayudar a que los demás crezcan.

Esta fortaleza conforma nuestro carácter y permite disciplinar la mente.
Una mente disciplinada es una mente pacífica y feliz.
Una mente fuerte nunca se perturba.

La fortaleza de nuestro ser se nutre de la experiencia del silencio, de la conexión sutil con la fuente eterna de luz y de paz y a nivel práctico de una actitud honesta y sincera ante la vida y los demás.

Las bendiciones de los demás son otra fuente de fortaleza para el ser.

Recibimos bendiciones de aquellos a quienes hemos servido,
y una buena forma de servir a los demás es compartir esta clase de fortaleza interna.

Aquellos que han incorporado las virtudes divinas en su comportamiento y actividades, son los que pueden dar fortaleza a los demás.

Compartir esta riqueza y sabiduría es dar un regalo invalorable.
Podemos evaluar nuestro nivel de fortaleza espiritual observando la calidad de nuestras respuestas en las situaciones y en las relaciones.

El que es fuerte da, el débil tiene expectativas.
El que es fuerte cambia y transforma, el débil se queja.
El que es fuerte sabe perdonar, el débil guarda resentimiento.
El que es fuerte crea, el débil duda.
El que es fuerte fluye, el débil mide y calcula.
El que es fuerte permite, el débil pone límites.
El que es fuerte puede doblarse, el débil se rompe.
El fuerte calma y tranquiliza, El que es débil clama y se agita.

EL SAMURAI Y LOS TRES GATOS

Un samurai tenía en su casa un ratón del que no llegaba a desembarazarse.

Entonces adquirió un magnifico gato, robusto y valiente. Pero el ratón, más rápido se burlaba de el. Entonces el Samurai tomó otro gato, malicioso y astuto. Pero el ratón desconfió de él y no daba señales de vida mas que cuando este dormía. Un monje Zen del templo vecino prestó entonces al Samurai su gato: este tenía un aspecto mediocre, dormía todo el tiempo, indiferente a lo que le rodeaba. El Samurai encogió los hombros, pero el monje insistió para que lo dejara en su casa.

El gato se pasaba el día durmiendo y, muy pronto, el ratón se envalentonó de nuevo: pasaba y volvía a pasar por delante del gato, visiblemente indiferente. Pero un día, súbitamente, de un sólo zarpazo, el gato lo atrapó y lo mató. ¡Poder del cuerpo, habilidad de la técnica no son nada sin la vigilancia del espíritu!

EL SAMURAI Y EL PESCADOR

Durante la ocupación, Satsuma, de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el Pescador. No siéndole posible pagar, el pobre Pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo. Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿»Qué tienes para decirme»?

El Pescador replicó: «Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad.» El Samurai dijo, «¡Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer.»

«Lo siento», dijo el Pescador. » Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: “Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano.»

El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple Pescador. Envainó su espada y dijo: «Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero.» Y se fue.

Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a través de la puerta entreabierta.

Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un ¡samurai!

Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del Pescador: «Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano.»

Volvió a la entrada y dijo en voz alta. «He vuelto». Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió junto con la madre del Samurai para saludarlo. ¡La madre vestida con ropas de él! Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante su ausencia.

El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El Pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo: «He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias!».

El Samurai puso su mano sobre el hombro del Pescador y le dijo: «Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado. (Richard Kim «The Weaponless Warriors», 1974. Ohara Publications, USA)

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