Los socialistas, en cualquiera de sus diferentes versiones, marxistas o socialdemócratas, sienten un profundo desprecio por la inteligencia de las mayorías. Estiman, que “las masas” no tienen la capacidad para tomar por ellos mismos decisiones, sobre asuntos que les competen. Necesitan, por lo tanto, de seres superiores, intelectual y moralmente, que muy paternalmente los gobiernen, dado sus grandes limitaciones. Y para ello, fundan partidos, agrupaciones y asociaciones, que compiten entre sí, por ser quienes asuman este grave pero ineludible deber, que su superioridad les impone

Lograr acuerdos entre el Gobierno y la oposición venezolana ha sido difícil en los últimos años, sin embargo, han podido ponerse de acuerdo para violar el artículo 67 de la Constitución Nacional, que expresamente impone las elecciones primarias, para decidir sobre el liderazgo de los partidista y la escogencias de los candidatos, de los mismo. De ese artículo, ninguna de las partes habla.

Ambos factores se han visto obligados a llamar a primarias. El chavismo, dado la derrota eminente, no vacilarán en desconocer los resultados de esas primarias, donde no les convengan los resultados. Y la oposición, por otro lado, llamó a primarias solo en los lugares donde las cúpulas no llegaron a un consenso para repartirse entre ellas las curules, ignorando el clamor de la inmensa mayoría de los venezolanos. En la seguridad de que, en cualquier caso, tienen asegurado el triunfo, dado el desastre generado por el socialismo marxista del siglo XXI,  los argumentos más estúpidos salen de bocas de las cúpulas opositoras: que no hay tiempo, que cuesta mucho dinero, que para qué elecciones, si ya ellos ya se pusieron de acuerdo en la repartición. Además de inventar todo tipo de obstáculos, para dificultar la participación y de otros factores e individualidades. Al final, las primarias de la oposición resultaron, en esta oportunidad, menos democráticas que las chavistas, cosas que estos resaltarán hasta la saciedad. Pero la oposición está dispuesta a todo, para reducir la participación de las masas idiotizadas y garantizar sus prebendas.

Consultar la opinión de las mayorías, transparente y democráticamente, confiando la sabiduría que de allí emerge, es algo que está muy lejos de cualquiera de las versiones del socialismo. De la misma manera que piensan, que la producción de bienes y servicios no puede estar en manos de los particulares, del sector privado, de la gente común y corriente, porque son estúpidos y perversos y que deben ser ellos, desde las alturas del Gobierno quienes produzcan las riqueza; en el caso de los marxistas, totalmente y en el caso de los socialdemócratas, de las “estratégicas”, –aunque la experiencia histórica, de una manera contundente y dramática, dice que lo que hacen es destruirlas y robárselas–. De la misma manera eliminan o limitan las libertades políticas de los ciudadanos, para enseñorearse sobre la vida de las gentes, como si fueran dioses, cuando en verdad son expresión de lo peor de nuestras sociedades, intelectual y moralmente.

(*) Contador Público. Universidad de Oriente. UDO. Posgrado en Estudios Avanzados en Gobernabilidad y Gerencia Política. Universidad Católica Andrés Bello. UCAB.

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