“Un pueblo educado sabe elegir a dirigentes

honestos y competitivos. Éstos eligirán

a los mejores asesores”

T. Halonen

Presidente de Finlandia

El progreso de cualquier país es determinado, en buena parte, por la calidad de la educación de su sociedad. Es por ello que cualquier gobierno alrededor del mundo, tiene a este sector como una bandera política y en el eje central de su plan de desarrollo. Es el caso de Finlandia que invierte el 6% del PIB, sin contar con lo destinado a investigación y está de tercero en el índice global de competitividad.

No es un secreto que la educación pública inicial, primaria, secundaria, y universitaria deja mucho que desear en Venezuela. Las razones van desde carencias significativas en infraestructura, planes de estudios arcaicos y, ahora, politizados, pero sobre todo por la calidad de sus docentes. Ser maestro es poco atractivo por múltiples razones sociales y también económicas.

El salario anual de un Docente VI –la máxima categoría– de una escuela adscrita al Ministerio del PP para la Educación con los beneficios colaterales, está por encima de Bs. 90.000,00 establecido en la última Convención Colectiva. ¿Qué profesional puede vivir holgadamente con ese ingreso anual? Para febrero del año en curso, la canasta alimentaria básica está por encima de Bs 31.000,00, con lo que el salario anual no alcanzaría para cubrir ni 3 meses de los costos de alimentos de una familia. El sueldo de militares es mayor al de profesores, policías, maestros y al salario mínimo. El sueldo de un General es doble de un maestro con 30 años de servicio. Mientras que un profesor universitario con título de Doctor y dedicación exclusiva tiene un ingreso promedio mensual -al cambio actual- de US$ 423.52.

Según fuentes del propio Ministerio, faltan 11.438 maestros a nivel nacional. Imposible que sea de otra manera con esos salarios. Los incentivos para ser maestros son nulos y los gremios han permitido, que algo tan importante como la educación de casi cinco millones de alumnos y estudiantes  venezolanos, quede en manos de 222.878 maestros con salarios inhumanos que deben, necesariamente, realizar actividades complementarias a la docencia simplemente para tener con qué llegar a final de mes.

Si se quiere una educación de calidad, los maestros deben ser de calidad. Empezar a no depender únicamente de una admirable vocación llena de sacrificios y depender de una vocación acompañada de estabilidad y dignidad económica debe ser un primer paso, sin contar la formación y desarrollo profesional…

Después de la embriaguez de petrodólares, con una educación tan deficiente, se pasará un malestar de lo que costará mucho levantarse.

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