Siempre medir las consecuencias

El tiempo nos ha enseñado muchas veces, que lo que se creyó oportuno en un determinado momento y nos obligó a actuar de determinada manera, sin analizar las consecuencias que, a mediano o largo plazo, pudiera provocar tal decisión, en un determinado momento fue en contra directa de su objetivo y, posteriormente, contra el sistema local, general y contra quien decidió este cambio; pero con una diferencia, como una enfermedad mal curada, ahora era mucho más grande, fuerte, resistente y como si todo esto fuera poco, muy bien organizada.

Por tomar un ejemplo, quisiera tocar en este momento el caso del pandillaje, y específicamente, del denominado: MARAS SALVATRUCHA.

Fue sorpresa para mí el hecho de conocer el real origen de este fenómeno y el mismo se debió, a la intervención en un canal de TV mexicano, del embajador de El Salvador en ese país, quien de manera muy clara, me dio la luz del por qué y cómo existía este fenómeno, que amenaza prácticamente a toda el área latina en Centroamérica y Sudamérica.

La guerra interna que se desarrolló en El Salvador, por un lapso de 12 años, obligó a miles de familias en principio, a tener que emigrar a la capital; y al no contar con el apoyo debido del gobierno, por ser una sociedad pobre, optaron por emigrar a los Estados Unidos, buscando lógicamente mejorar situaciones de vivencia. El asunto es que, al conformar otra minoría latina en Los Ángeles como otras ciudades y estados -y encontrarse los padres trabajando prácticamente todo el día- los niños se desarrollaron solos, en un medio nuevo y agresivo, optando por los más lógico y seguro a su mentalidad, agruparse y buscar ser los mejores en cuanto a lo que apreciaban, crueldad, asalto y demás situaciones no propias de cualquier sociedad respetable. En otras palabras, en este medio nacen, se desarrollan y consolidan como agrupación fuerte, ya que ese era el camino para poder hacerse respetar en un medio tan desolador y dantesco al cual, el sistema, obviamente con vacíos enormes, de conocimientos de culturas y necesidades, los llevó.

Al comenzar a ser problema estas nuevas pandillas para el gobierno Americano, se optó por lo más simple y, a la vez lo más absurdo: Comenzaron a ser deportados a sus países de origen. Lo demás se reduce al simple hecho de analizar y deducir lo fácil que resultará para estos individuos el tomar el control de sociedades pobres de Centroamérica. Era como meter al lobo en el mismo corral con las ovejas.

Diría que todo se resume al simple hecho de un gran equívoco: El no medir consecuencias de los actos y pensar que este hecho es uno de los tantos que se están produciendo en el mundo y sus respectivos gobiernos. Casos dignos de analizar entre los recientes podrían ser el de Afganistán, Irak y no podemos dejar de lado el de China, donde muchas empresas, con acuerdos y coordinación de sus respectivos gobiernos, están ubicando fábricas por las condiciones infrahumanas de trabajo y, consecuentemente, ventajas para los inversionistas que el sistema actual, que este país “comunista”, ofrece a un mundo comercial insaciable de ganar sin medir consecuencias. Es lamentable que, en esta época, nos podamos olvidar que toda acción tiene una reacción. Me atrevería a decir que uno de los principales responsables mundiales, por no saber hacer respetar la dignidad de las personas y sociedades, es la ONU, títere y fachada de grandes intereses y le seguimos todas y cada una de las personas pensantes que poblamos esta isla llamada Planeta Tierra; que sólo hablamos y protestamos cuando algo nos afecta en forma directa; caso contrario , no viene a ser nuestro problema, pensamiento distante para los que somos católicos y creemos en la ruta del Creador.

Tenemos el derecho de vivir dignamente, podemos hacerlo, el mundo es nuestro y sólo es cuestión de querer y lograr que así sea.

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