Esperanza

José Alberto Medina Molero - 21 Abr '16

Recursos Humanos y Crecimiento Personal

“Tener esperanza en los malos tiempos no es una locura romántica. Está sustentado en que la historia humana no es sólo una historia de crueldad, sino también de compasión, sacrificio, coraje y bondad” .Esta impactante declaración de una visionaria en el combate contra la pobreza, como lo es  Leila Janah, da mucho que pensar. Quien diga que en estos años tan difíciles que atravesamos en Venezuela no ha experimentado momentos de tristeza, frustración y desesperanza, miente en forma flagrante. Calla a los demás  que la carga de todo los que nos pasa ha hecho mella en su ánimo. Es normal, humano, natural que nos sintamos en ocasiones abatidos y sin fuerzas.

 En estos días, en el programa especial que César Miguel dedicó a los pacientes de cáncer y otras enfermedades, que en su peregrinar no consiguen tratamiento, el comunicador confesó ante el micrófono la enorme congoja que invadió el estudio al concluir ese foro. Es una invisible tela que gravita y busca arroparnos hasta dejarnos inmóviles.

Si bien es normal sentir desaliento  ante el dantesco cuadro observable, no lo es menos la necesidad primordial que tenemos de llegar a la otra orilla, de albergar esperanzas. En nuestra historia muchas veces las condiciones han sido insufribles, límites, y sin embargo se ha podido salir adelante. En esos momentos la constancia, el liderazgo, el esfuerzo común y la confianza en el porvenir se conjugaron para superar las impensables dificultades sufridas.

En los últimos años hemos retrocedido, lamentablemente ha ocurrido un dramático  “salto atrás” en la evolución del país, sin embargo, por nuestras venas circula la sangre de grandes venezolanos, civilistas, orientadores, luminosos, hombres de pensamiento  de la talla de Cecilio Acosta, Rafael Vegas, Ernesto Mayz Vallenilla, Manuel R. Egaña,  Enrique Tejera Paris, Mariano Picón Salas y tantos otros. Seres esclarecidos que nos legaron ideas, obras  y ejemplos. Los venezolanos somos capaces de generar soluciones para la hora menguada presente.

En el mundo, más que la fuerza de los fusiles se ha impuesto el poder de las ideas constructoras, creadoras. La potencia inconmensurable de los planteamientos de bien es la base de lo que debe ser nuestra esperanza. Hay una frase de Hermann Hesse que pareciera calzar a este respecto. Decía el genial escritor alemán: “Para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible”.

Por toda la nación se siente a una gran cantidad de venezolanos aportando, muchas veces anónimamente, para ir creando ese futuro deseable. No puede ocultarse lo que brilla con luz propia. No se trata de optimismos vanos, tampoco de esperar soluciones providenciales o Mesiánicas.

Tener esperanza es trabajar por ese estado “B”, alcanzable  y sobre todo perfectible en el tiempo. En palabras de Mario Benedetti: “Cantamos porque creemos en la gente/ y porque venceremos a la derrota…“

 Esa, es nuestra esperanza.

@jamedina1