El liderazgo carismático

 "Gestión es hacer las cosas bien,

liderazgo es hacer las cosas". 
Peter Drucker

Desde luego, siempre es importante en todo líder contar con un carisma que le ayude a identificase mejor con quienes se identifican con él, además  de contar con  los conocimientos necesarios para saber aprovechar las oportunidades, enfrentar los retos y dar paso a las transformaciones que lo conlleven a salir avante.

Lo cierto es,  que es importante adentrarse en el rol del líder carismático, evaluar todas aquellas informaciones que permitan determinar la relevancia e importancia de su alcance y repercusiones.

 Al  respecto se comenta, que  de acuerdo a la teoría del liderazgo carismático, ésta  afirma que un líder debe desarrollar una relación con los subordinados, basada en la cordialidad, amabilidad y encanto. La teoría sostiene que los subordinados, una vez que llegan a apreciar a su líder, van a empezar a adoptar los ideales personales y la visión de éxito de él. Los críticos dicen que esta teoría borra la barrera entre líderes y subordinados, permitiendo que los subordinados vean a su líder como un amigo o como uno de los suyos. De este modo, el líder puede perder su autoridad sobre sus subordinados, afirman los críticos.

En el análisis, estudio del liderazgo carismatico, es importante  tener presente,  como lo indican  ‘monografias.com’, que  cuando un líder tiene carisma, no solo lidera, sino que hace que le sigan y quieran seguir. La imagen de un líder es realmente muy importante y prácticamente se podría decir, que toda aquella persona que vota en unas elecciones, lo hace muchas veces hacia un político y no hacia un partido.

Acordémonos de las personas carismáticas que nos rodean y preguntémonos lo que encontramos de magnético: su sonrisa, su voz, su manera de moverse, su manera de escuchar.  No se trata de copiarlos, sino simplemente de discernir lo que les hace "diferentes" de los demás y constatar que no se trata sólo de una silueta de ensueño.

Un líder que cuenta con carisma, puede generar resultados positivos o negativos, dependiendo como lo maneja.

Por otro lado, vemos el líder transformacional, que se esfuerza en reconocer y potenciar a los miembros de la organización y se orienta a transformar las creencias, actitudes y sentimientos de los seguidores, pues no solamente gestiona las estructuras, sino que influye en la cultura de la organización en orden a cambiarla.

Podemos globalizar, que todo aquel que es identificado como líder es, porque reúne una serie de características que no todos han desarrollado; son personas que tienen ciertos atributos que les permite tener seguidores, que las personas confíen en él, pero que, además, sean líderes generadores de cambios, que garanticen pro- actividad y sobre todo, transformaciones en aquellos aspectos que lo demanden.

No obstante se comenta,   no todo es bueno en un liderazgo carismático y consideramos importante en esta oportunidad, conocer los peligros. Al respecto,  el Dr. Tomas Chamorro-Premuzic,  profesor de Psicología de la Empresa en el University College de Londres, en el HBR Network Blog , plantea que la mayor parte de las personas piensan que tener carisma es vital para ser un buen líder, ya que es indispensable para mantener la atención de la audiencia.

Desde su punto de vista propone, que los beneficios a corto plazo de tener carisma, se pueden ver neutralizados por sus consecuencias a largo plazo, si se utiliza incorrectamente. 

Cuales son esos peligros? 

El autor destaca una serie de razones para desconfiar del líder carismático y que muestran el lado oscuro del carisma:

1.- El carisma diluye el razonamiento.

Existen sólo tres maneras de influir en los demás: la fuerza, la razón o el encanto. Mientras las dos primeras son racionales (incluso si somos "forzados" a hacer algo, obedecemos por una razón), el encanto no lo es. Éste, mal utilizado, se basa en la manipulación emocional y tiene la habilidad de anular cualquier valoración racional y favorecer los prejuicios en nuestras opiniones.

Los líderes carismáticos, según Chamorro-Premuzic, influyen en los demás más por su encanto que por sus razonamientos; y cuando éste pierde fuerza o se pierde, suelen emplear la fuerza (esta sería la forma de actuar de los dictadores).

2.- El carisma es adictivo.

Los líderes que tienen la capacidad de encantar a sus seguidores, se convierten en adictos de su admiración. Una vez pasado el efecto "luna de miel", siguen ansiando contar con altos niveles de aprobación, lo que les distrae de sus objetivos reales. Los seguidores, por su parte, se convierten en adictos al carisma de su líder, reforzándolo con muestras de populismo. El resultado es una dependencia mutua, que contribuye a distorsionar la realidad para poder mantenerla.

En muchas ocasiones los líderes carismáticos se mantendrán engañados, aunque sus seguidores hayan despertado y les hayan abandonado. El autor pone como ejemplo la actitud de Tony Blair, que sigue pensando que la invasión de Iraq supuso un triunfo moral; o de Sadam Hussein (que se apoyó en su carisma durante años), que estaba absolutamente convencido de que había servido a su país con dignidad e integridad.

3.- El carisma esconde a los psicópatas.

Éstos en muchas ocasiones se muestran encantadores, para ocultar sus tendencias antisociales, y lograr sus objetivos. El egocentrismo, la capacidad de engaño y de manipulación, junto al egoísmo, son en muchas ocasiones comportamientos claves para el desarrollo de carreras, tanto en el mundo de la política como de las organizaciones. 

4.- El carisma fomenta el narcisismo colectivo.

Las personas pueden ser "encantadas" por otras, solo cuando comparten sus valores y principios fundamentales. Barack Obama no es considerado carismático por los republicanos. En esta línea, el carisma potencia nuestras ideologías: nuestra adoración por alguien que expresa nuestras creencias (con frecuencia mejor de lo que podemos hacer nosotros), es un medio socialmente aceptado de amarnos y adularnos a nosotros y a nuestra "tribu".

En definitiva: El autor plantea que, no podemos encontrar a alguien carismático, si su visión no se alinea con la nuestra, por lo que la única transformación que los líderes carismáticos podrían lograr, es unir a sus seguidores convirtiéndoles en una versión más radical de ellos mismos, consiguiendo que se cierren en sus ideas rechazando otras alternativas.

Desde luego, la fuente señalada proporciona algunos  antídotos que, a pesar de estos riesgos, el lado oscuro del carisma no se suele tener en cuenta y que sobre todo en el mundo occidental, deberíamos someternos a una desintoxicación de carisma, especialmente a nivel político. Propone tres recomendaciones para neutralizar los efectos negativos del carisma:

1. Seleccionar científicamente

Seleccionar líderes utilizando herramientas científicamente validadas, en lugar de apoyarnos en la "química" o intuición. Como ejemplo, el autor señala que los psicópatas suelen obtener buenos resultados en las entrevistas, pero si se utilizan tests psicométricos ampliamente validados, los fallos en la personalidad van a ser detectados mejor, ya que son inmunes al carisma.

2. Limitar su tiempo de exposición

En el caso de los políticos, limitar su tiempo de exposición en los distintos medios. Distrae y hace que los políticos carismáticos puedan parecer más competentes de lo que realmente son. Esto no significa limitar la libertad de expresión, sino intentar que la información se base más en hechos reales.

3. Buscar el talento

Buscar el talento oculto, lo que supone evitar caer en la trampa del carisma. Existe una paradoja universal que se produce en el mundo del management, por la que los profesionales que suelen ascender en la jerarquía de las organizaciones, hasta los puestos de mayor poder, lo hacen por (en lugar de a pesar de) determinados rasgos de carácter, que les van a perjudicar en su desempeño como líderes.

Aunque esta paradoja fue descubierta hace más de 20 años, el autor señala que en las organizaciones se muestran reacias a buscar a candidatos potenciales que no sean exclusivamente los que se auto nominan, en la mayor parte de las ocasiones pasando por encima de los compañeros o atemorizándoles.

Esta puede ser una de las causa principales de la baja representación de mujeres líderes en puestos relevantes, tanto en política como en las organizaciones y explica, también, por qué las pocas mujeres que consiguen romper ese techo de cristal, muestran unas personalidades más agresivas, implacables y patológicamente ambiciosas que sus colegas masculinos.

(Publicado esto último, por Isabel Carrasco)

*Fuentes debidamente señaladas.

Web: www.carmorvane.com

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