La Autocomprensión en el Liderazgo

“La confianza, como el arte, nunca
proviene de tener todas las respuestas,
sino de estar abierto a todas las preguntas”.
E. W. Stevens

Al alejarse este escrito de las extensas enumeraciones de las características que “debe tener” una persona que ocupa una posición de liderazgo, hay la necesidad de identificar y seleccionar las habilidades y destrezas indispensables y necesarias que una persona requiere desarrollar para ser, o -más bien- para estar como líder eficaz de sus seguidores y de organizaciones exitosas, sensatamente eficientes y emocionalmente sanas y armónicas.

Para empezar, hay que tener la voluntad expresa de ser un líder triunfador, quien no desea constituirse en protagonista de este tipo de liderazgo, obviamente no puede capacitarse ni ser capacitado para tal fin.

El estilo actitudinal del aprendizaje continuo es una de las características más importante de todo dirigente. En algunas ocasiones, los líderes surgen espontáneamente; es decir: irrumpen. ¡No se nace líder!, pero las circunstancias pueden hacerlo surgir. La mayoría de las veces, los líderes democráticos, se forman mediante un proceso de capacitación, perfeccionamiento y desarrollo personal.

En espacios anteriores se ha hecho referencia a que -en el fondo- todos los seres humanos son animales con un funcionamiento neuropsicológico evolucionado, (y que evoluciona), que les condiciona como seres: cazadores, recolectores, compartidores, colaboradores, acariciadores y sobre todo seres transaccionales, (que hacen transacciones: negociaciones, acuerdos, tratos, convenios, ajustes, intercambios, cambios, entre otras), con una gran inclinación de sociabilizar con sus semejantes, haciendo posible la innovación y la creatividad en el liderazgo democrático, por cuanto existe un alto nivel de autocomprensión y de autocorrección en sus actuaciones.

La gestión eficaz de la inteligencia emocional, es una consecuencia del conocimiento y la autocomprensión, que -sin lugar a dudas- constituyen la “columna de la aptitud del líder para aprehender, (fijar en su mente y en su accionar), nuevos conocimientos en el difícil arte de administrar el factor humano –lo más complejo y complicado de toda organización– el cual constituye la ventaja competitiva de las empresas. Este tipo de aprendizaje le permite impartir órdenes e instrucciones eficazmente, a tener iniciativa y a conducir a sus seguidores por un destino que les lleve hasta puerto seguro, además de implementar un estilo actitudinal empático, que es, (simple y llanamente): “ponerse en los zapatos de los demás”. Este magnifico comportamiento del líder representa la capacidad de ser un buen “escuchador”, de percibir impresiones –positivas y negativas– especialmente las otivacionales, las expectativas y los deseos y -por supuesto- justipreciar la importancia que realmente tienen.

Las personas que, ocupando cargos de jefatura, tienen cierto conocimiento de sí mismas, aún cuando en sus actuaciones puedan poner de manifiesto ciertos rasgos de inmadurez emocional, incluyendo algunas apariencias narcisistas y fronterizas de carácter, tienen una capacidad de gestionarlas convenientemente, evitando -¡a como de lugar!- que puedan obstaculizar en su desempeño como líder y -obviamente- como persona.

Muchos tratadistas del liderazgo comparan al líder ineficaz –autocrático– con una máquina primitiva, severa, que es incapaz de percibir su entorno tal y como es. Mientras que el líder exitoso –democrático– funciona como una máquina moderna, flexible, por cuanto se autorregula, (como resultante de la retroalimentación positiva y del autocontrol). Este tipo de líder, en sus actuaciones como tal, es muy firme –no es complaciente– en la mando y conducción de sus seguidores hacia el cumplimiento óptimo de sus responsabilidades y obligaciones.

En el mundo organizacional existe un tercer grupo representado por los líderes laissez-faire, (que dejan hacer y dejan pasar), que -en realidad- desarrollan el rol de personas que -ocupando una posición de poder, (mando), no lo ejercen: no son, por tanto, líderes de modo alguno, por cuanto no han desarrollado su autocomprensión: no han comprendido que a todo líder le toca mandar, siendo la autoridad el mejor atributo sobre el cual ha de basarse el mando. Como consecuencia, no tienen capacidad de guiar a sus seguidores y les abandonan a sus inclinaciones, tampoco participan, más bien tienden a aislarse.

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