La autoestima

El ser humano, es capaz de instaurar representaciones internas del mundo circundante, de construir teorías y conceptos acerca de sí mismo. El establecimiento de las relaciones con los demás, le permite conocer su entorno y su comportamiento frente a él; es así como todas las experiencias que vive se unen y construyen lo que se conoce como auto-esquemas, es decir, imágenes internas sobre su propia personalidad.

En referencia a los auto-esquemas, encontramos que se entrelazan cuatro aspectos fundamentales:

1. Auto concepto: es lo que se piensa de sí mismo. Consiste en una descripción mental que hace el individuo de sí mismo en tres dimensiones: cognitiva, afectiva y comportamental, y en sus áreas: educativa, laboral, familiar y social. Éste se forma, a partir de la interacción social con los otros y de los resultados de las acciones en el medio, así el sujeto recibe la retroalimentación de las acciones que realiza y esto le proporciona información sobre sus capacidades y características personales.

2. La Autoimagen: se refiere a qué tanto se gusta uno mismo en términos físicos. Éste depende de la comparación social y del éxito alcanzado con el sexo opuesto, y una de las causas más terribles y devastadoras es la burla; de esta forma, al sentirse repudiado por los demás, la persona crea un esquema de autorepulsión, el cual -por obvias razones- es contrario a lo que denominamos un alto nivel de autoestima. Riso (1990).

3. La Autoeficacia: qué tanto se confía en sí mismo. Es básicamente la opinión en cuanto a sí se poseen o no, las habilidades necesarias para desempeñarse bien en determinados ámbitos y obtener así los resultados deseados, ¿Qué tiene que ver esto con la autoestima? Como dice Riso: “Si desconfías de ti, no podrás amarte”; así, si no se tiene confianza en sí mismo, los retos personales serán pobres, se evitará constantemente el enfrentar los problemas, al primer obstáculo se desertará y vendrá consigo la frustración y el fracaso, y se entrará entonces en un círculo vicioso. Riso (1990).

4. La Autoestima: qué tanto se quiere uno mismo, es una evaluación que la persona hace de las diferentes representaciones que tiene de sí misma en cada una de las áreas de su vida.

Ahora, podríamos preguntarnos: ¿Cuáles son los factores de riesgo que inciden en el déficit en autoestima?. Es así, como encontramos que las pautas de crianza de los padres, inciden en la autoestima de sus hijos. Sobre este aspecto se han realizado numerosos estudios, los cuales han mostrado claramente que el estilo de crianza de los padres, durante los tres o cuatro primeros años, determina la cantidad de autoestima inicial del niño, pues la evaluación que los padres hagan, implícita o explícitamente, del comportamiento de sus hijos, y la interacción que se produzca entre ambas partes, constituyen las principales variables que determinan los niveles de autoconcepto, y por lo tanto, de autoestima.

También se puede identificar, que el ambiente escolar incide en la autoestima de los niños, toda vez que aquellos maestros que poseen un pobre autoconcepto y un déficit de autoestima, se muestran distantes de su labor, interactúan poco con sus alumnos, tienden a ser autoritarios y a fomentar las actividades competitivas, y sirven además de modelo a imitar por los niños. Buela-Casal (1997).

¿Cómo podemos mejorar la autoestima?. Como vimos anteriormente, los cuatro aspectos de los autoesquemas se entrelazan y fusionan entre sí; por esta razón para trabajar sobre la autoestima de una persona, es indispensable trabajar también sobre los otros tres factores.

En el autoconcepto, se debe buscar la flexibilidad, tanto con los otros como consigo mismo, no ser tan normativos, perfeccionistas, evitar los rótulos, pensar en las alternativas y saber escuchar a los demás.

En la autoimagen, cada uno debe contar con criterios propios, sin dejarse contaminar y/o influenciar por los demás al respecto, reconociendo que el aspecto físico es sólo uno de los aspectos de la autoimagen.

En la autoeficacia, se debe eliminar el “no soy capaz de hacer esto o lo otro”, el pesimismo y el fatalismo.

Otro aspecto que ayuda a mejorar la autoeficacia y el autoconcepto, es disponer de unas adecuadas habilidades para solucionar problemas; por ende, se debe hacer una intervención a éste nivel. Así mismo, un déficit en habilidades sociales, conlleva al aislamiento social, al rechazo y a la baja autoestima.

Una intervención para mejorar la autoestima, implica partir de los pensamientos, porque es allí donde se encuentran los autoesquemas, que gobiernan las ideas irracionales acerca de la autoestima. Considerando que la baja autoestima se caracteriza, entre otras muchas cosas, por la dureza de la autocrítica, las personas con éste tipo de problemas deben aprender a ser más compasivas consigo mismas (comprenderse, perdonarse y aceptarse).

Quiero finalizar este escrito, haciendo referencia a la importancia que tiene la autoestima dentro de un contexto laboral, porque es allí donde pasamos la mayor parte de nuestra vida y donde se gestan diversos tipos de interacciones, en las cuales el empleado debe contar con un nivel de autoestima adecuado, que le permita hacerle frente a los retos que le impone un ambiente laboral determinado, para lo cual, deberá reconocer sus potencialidades y limitaciones, confiando siempre en su buena labor.

Con el reconocimiento de sus limitaciones, lo que el ser humano busca es, mejorar aquellas áreas donde presenta algún tipo de déficit, para -al final- reafirmarse y generar mayor seguridad en su hacer y quehacer diario. Una buena autoestima, permitirá que nos proyectemos apropiadamente a nivel personal, familiar, laboral y social.

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Referencias
Buela-Casal, Gualberto y cols., (1997).

Psicología Preventiva: Avances recientes en técnicas y programas de prevención.

McKay, Mathew; Fanning, Patrick., (1991). Autoestima: Evaluación y Mejora.

Riso, Walter, (1990). Aprendiendo a Quererse a sí Mismo.

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