Generalidades, alcance, repercusiones

En toda empresa actúan, se desempeñan, personas  que tienen valores, creencias, espiritualidad, que no  pueden ignorarse en un ambiente materialista como el escenario del presente.

Al respecto, un interesante trabajo  de investigación realizado por Elizabeth Robles,  de la Universidad de Puerto Rico,  comenta, que el concepto de la espiritualidad en la administración de empresas, se ve como una estrategia en los negocios que busca que los empleados sean más productivos. Ya que, en la medida en que la espiritualidad logre hacer que los empleados y administradores se sientan más identificados con lo que hacen y sientan que su trabajo tiene un propósito, mayor será el desempeño de éstos en sus puestos de trabajo y mayor será el beneficio que obtendrán las organizaciones (Marques, 2010, 2008, 2005a,Ortiz González, 2002).

Agrega en su comentario, que un estudio realizado por la “Harvard Business School” comparó, por un periodo de once años, a diez compañías con culturas fuertes de tipo espiritual con diez compañías con culturas corporativas débiles, de una lista de 207 corporaciones líderes (Thompson, 7 2001). En el mismo, los investigadores encontraron una correlación positiva significativa, entre las organizaciones con culturas corporativas espirituales y sus ganancias. En algunos casos, las compañías espirituales superaban a las demás por un 400 ó 500 por ciento en términos de ganancias netas, rendimiento en la inversión y el valor de las acciones. Por otro lado, la “Vanderbilt School of Business” realizó un estudio similar, utilizando el listado de las mejores 100 compañías según la revista “Fortune” y obtuvo resultados similares (Thompson, 2001). De acuerdo a Mitroff y Denton (1999) el creer en la espiritualidad, no garantiza que ésta exista; lo importante es conocer y entender, cómo la creencia de la espiritualidad afecta las empresas y la vida de las personas que la componen.

Lo cierto es, que una buena gerencia debe saber motivar al personal proporcionándole la colaboración, ayuda en su desempeño, sin decuidar jamás el rol de la espiritualidad. Sobre ello Jaime España Eraso expone,  que se debe entender la espiritualidad como una condición especial de bienestar, liberación y virtuosismo.

Justamente, para ejercitar la espiritualidad, no necesariamente se requieren rituales religiosos, aunque sí conquistar el discernimiento para movilizar cambios personales y transpersonales, en los que el espíritu sea el impulsor en la renovación de los pensamientos, las emociones, las palabras y las acciones de cada persona, para así superar los desafíos, retos o dificultades en la vida y en el trabajo.

Lo cierto es, que ante la realidad de un entorno excesivamente materialista, lo que ello representa y afecta los valores de la espiritualidad, la gerencia debe saber  incentivar la productividad, sin deteriorar lo que la espiritualidad  involucra  en pro del cultivo del espíritu  que es determinante en el paso por esta dimensión.

Hace énfasis Jaime España, que  es necesario reinventar el modelo productivo en las empresas, como consecuencia de expandir la competencia espiritual de las personas, de modificar sus conductas, de recuperar su fe, de sanar sus relaciones, de reencontrar su propósito, de trasmutar sus ambientes y de avanzar en soluciones. Para ello se necesitan directivos, líderes, gerentes y ejecutivos que instruyan desde el afecto y orienten desde el misticismo.

Agrega la fuente citada, que es importante entender que la productividad entre tantos aspectos, contempla e incluye la productividad personal, familiar, laboral y que no podemos sentirnos productivos por obtener únicamente logros en algunas áreas o dimensiones de nuestra vida, descuidando otras o haciendo que quienes trabajan con nosotros, sean “desbalanceadamente” productivos. Por el contrario, la cultura de productividad se fortalece, al crear, promover y permitir que las personas desarrollen integralmente su productividad y con ello mantengan altos índices de motivación, para esforzarse e internarse en el fantástico mundo del alto rendimiento, alto desempeño o alta productividad.

Conclusión

Investigaciones sobre el tema realizadas por Mitroff y Denton (1999), concluyeron que la gente está hambrienta por conseguir maneras en las cuales puedan practicar la espiritualidad en el trabajo. Sin embargo, la única manera en que los seres humanos, actualmente pueden expresar la espiritualidad, es separándola del trabajo. Éstos aseguraron que la sociedad está enfrentando un nuevo reto, el integrar la espiritualidad con la administración de empresas, ya que ninguna organización podrá existir por mucho tiempo, sin espíritu y sin alma. Afirman además, que se deben examinar maneras de manejar la espiritualidad, sin tener que separarla de los demás elementos de la administración.

Dirección-E carmorvane@gmail.com

Fuentes debidamente especificadas

(*) Exatec-Egade.        Docente de Postgrado, FACES, UC.        Comportamiento Organizacional.        Asesor- consultor de Deproimca