Liderazgo: el proceso de influencia sobre las personas para lograr las metas deseadas

“El líder consensuará con su equipo los objetivos y metas
de la empresa a largo plazo. Hay que ser muy selectivo en la
selección de éstos. Deben ser difíciles, muy exigentes,

pero deben ser realistas y alcanzables”

K. Hiebaum

El liderazgo se define básicamente como la capacidad de influir positivamente sobre otros seres humanos, para el logro de una finalidad cualquiera que sea.

Al observar detenidamente, en los últimos años ha existido un especial interés en todas las culturas del mundo por el liderazgo, especialmente por los emprendedores (llamados “empresarios”); luego de éstos, vinieron los educadores, los políticos, etc., y con ellos comenzaron avances filosóficos y reflexivos que han alcanzado el tema; el liderazgo se ha afianzado y convertido en una necesidad, en una opción mediadora de logros: elemento y proceso gestor de la potencialidad humana (calidad inmanente para lograr algo; en especial: lo que cada quien propone o plantea alcanzar.

De aquí que liderar, implique auto-influenciarse e influir sobre los demás, para lograr las metas deseadas. Para liderar muy bien se requiere:

Carisma (porque no ha existido líder que no goce del aprecio de las personas o de sus seguidores, empleados, etc.).

Inteligencia (¿por qué es necesaria la inteligencia en este proceso, antes que el instinto, por ejemplo? Porque para ser un buen líder, es necesario pensar, dimensionar, analizar, diseñar, implementar y -finalmente- controlar estrategias para lograr un objetivo mancomunado).

Poder de convencimiento (si no se cuenta con credibilidad, si no se sabe con seguridad lo que se expresa y si no se sabe comunicar, es muy difícil convencer).

Sensibilidad (en todo sistema, se observa que el punto fundamental es siempre el más flexible; esto quiere decir, que si no se cuenta con cualidades que permitan actuar -percibir, aceptar, proceder, valorar y reconocer con intuición, receptividad y realidad, es muy difícil ser líder exitoso).

Integridad (tener principios y valores y… ¡exhibirlos!, resume fundamentalmente contar con probidad  que va de la mano con la ética, y la forma en que los valores se han gestado en el interior de quien lidera).

Arrojo (coraje para saber decidir entre sí -la defensa del cargo desempeñado y el empleo ostentado, etc.- y asumir los retos de liderar lo que se debe emprender, pues sin esto es muy poco probable que alguien pueda descubrir que es líder).

Imparcialidad (esta objetividad e independencia es fundamental, sobre todo al momento de asimilar las opiniones externas acerca de la idea liderada; se necesita aceptar el error como una posibilidad; es decir, tener la personalidad de la impersonalidad).

Innovación  (las grandes empresas, los grandes procesos, siempre se han impuesto por una idea novedosa; es necesario -entonces-, buscar y desarrollar ese proceso creativo interior que permita al líder sacar a flote sus ideas).

Tacto (prudencia o sutileza para poder dirigir a un conjunto de “personas” y que le sigan por su propia voluntad (claro: “¡inducida!”), motivándolas  permanentemente, estimulándolas y así alcanzar las metas deseadas, ya sean de equipo o unipersonales).

Y lo más importante: que cada quien se sienta satisfecho y tenga la sensación de ganancia y no de pérdida, ya que el liderazgo es un proceso de vincular (gente entre sí, gente con la meta, gente con procedimientos, y más).

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