Ser dueños de la Prudencia

Prudencia (Del lat. Prudentia).
Extraído del Diccionario de la Real Academia Española (R.A.E.).

1. f. Templanza, cautela, moderación.
2. f. Sensatez, buen juicio.
3. f. Rel. Una de las cuatro virtudes cardinales, que
consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o
malo, para seguirlo o huir de ello.

“La finalidad principal de la prudencia es no perder nunca la compostura. Cualquier exceso de pasiones perjudica a la prudencia. Uno debe ser tan dueño de sí que, ni en la mayor prosperidad ni en la mayor adversidad, nadie pueda criticarle por haber perdido la compostura”. (Baltasar Gracián).

La prudencia es una virtud cardinal por la cual, las personas actuamos de manera correcta, pudiendo discernir entre el bien y el mal. Y nos permite tomar decisiones, después de haber efectuado un análisis minucioso de los pros y los contras de los resultados de éstas.

Personalmente considero que en los momentos en los cuales debemos practicar más la prudencia, es a la hora de hablar y expresarnos.

Recordemos que las palabras no se pueden recoger, una vez que hemos abierto la boca y dicho lo que pensamos y sentimos, ya no podemos evitar el efecto que nuestras palabras puedan causar en las demás personas. Es muy cierto que podemos disculparnos y pedir perdón, si hemos dicho algo errado o sin sentido; pero también, es muy cierto que siempre va a quedar una cicatriz en la mente y el corazón de la persona a la cual ofendimos.

Cuán poderosas son las palabras, podemos edificar o destruir con ellas.

Recurramos siempre a la prudencia, seamos respetuosos, sensatos, moderados, no actuemos por impulso, por enojo, por ira, por envidia.

Hagámoslo después de analizar a fondo el efecto que podamos ocasionar con
nuestros actos y palabras.

Seamos prudentes en el trabajo, sabiendo callar lo que escuchamos y no debemos repetir. Cumpliendo con nuestras labores eficientemente. Si tenemos un puesto de jefatura, sepamos escuchar a nuestros empleados y seamos conscientes que no somos los dueños de la verdad, que tanto podemos enseñarles como aprender de ellos y que también estamos expuestos a cometer errores, debiendo ser lo suficientemente humildes para reconocerlo y tomar las medidas correctivas.
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En nuestro hogar, seamos prudentes a la hora de llamarles la atención a nuestros hijos; hagámoslo con respeto, con consideración, con amor, nunca atentemos contra su dignidad, ni integridad.

En cuanto a los hijos, el llamado es a obedecer a los padres, a hablarles con respeto, a respetar las reglas establecidas, sino están de acuerdo con algo, háganselos saber sin ofenderlos, ni maltratarlos. Cumplan con las tareas y pruebas en el estudio.

La mayoría de los accidentes son ocasionados por personas imprudentes, las cuales no se han detenido a analizar, que el hecho de no actuar con prudencia, no solamente puede causarle daños a ellas mismas, sino a otras personas inocentes.

Seamos prudentes, precavidos, recurramos a nuestra sabiduría interior; mediante ésta sabremos discernir ante las situaciones que se nos presenten, durante el transcurso de nuestro viaje por este mundo, impregnado de retos y decisiones por tomar.

“Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas”
(Mateo 10,16)

Disfrute el día.

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(*) Motivadora – Costa Rica

Fotografías extraídas de: www.seridec.com

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