La participación ciudadana como medio y proceso para el desarrollo económico local

Se considera que el hecho de que los ciudadanos tengan la oportunidad de participar en las decisiones colectivas, permite que desarrollen la capacidad de pensar sobre sus propias necesidades en relación con las necesidades de las demás personas. El concepto de participación es complejo, dada las diferentes categorías axiológicas que conlleva su implantación y consolidación práctica. Participar conlleva, fundamentalmente, cuatro dimensiones: es ser parte de un sistema o de una red; es estar en un entorno social; es sentirse parte de una comunidad o de un grupo; es tomar parte en las decisiones y tener parte de poder.
(Alguacil, 2005)

El proceso de participación es inagotable y recurrente y debe ser capaz de transformar, reflexionar, implicar, articular, construir, conocer, aprender, comunicar y comunicarse, habilitar, gratificar y exigir. La participación socializadora conlleva, como señalan Cernadas y Fentanes (2003), la deliberación, entendida como aprendizaje que transforma y genera ulteriores preferencias, lleva implícita una transformación sustantiva de los ciudadanos que niega la tradicional distinción entre ciudadanos informados y dotados de preferencias completas y aquellos otros que desconocen sus verdaderos intereses.

La realidad muestra deficiencias en los espacios de participación, los cuales a menudo, se encuentran monopolizados por grupos sociales, que ya acumulan diferentes medios de capital (social, cultural, económico, etc.). En éstas situaciones se excluyen los sin voz, los grupos marginados. Por estas razones la participación ciudadana no es algo positivo per se, requiere explorar e implementar procedimientos deliberativos e incluyentes, para evitar la fragmentación política y social.

En el ámbito local, sus condiciones y características son el lugar apropiado para potenciar la participación y construir decisiones públicas, vinculadas con los intereses y necesidades de los ciudadanos. Es, por tanto, que la política en el nivel local, permite el desarrollo de instrumentos participativos y es el escenario privilegiado, desde el cual pueden desarrollarse experiencias de participación local. (Font, 2004)

Es, en el ámbito local, donde la participación ciudadana se convierte en un eje de la política pública, para intervenir en las decisiones de los asuntos que son de interés ciudadano, así como la participación en la elaboración, gestión, seguimiento, control y evaluación de las políticas que afectan al Municipio.

De esta forma, la participación es una capacidad vinculada directamente a emprender estrategias de desarrollo humano, económico y social; siendo, por tanto, un valor y una oportunidad central y transversal en la elaboración, implementación y evaluación de Políticas Sociales, orientadas al desarrollo local y a la integración social de minorías con insuficiente representación y/o en procesos de exclusión. (Carrasquilla y Seidel, 2005)

La participación se puede considerar y gestionar desde diferentes formas e intensidades:

La participación sustantiva se define como el proceso a través del cual, los actores desarrollan sus capacidades en la acción de abajo hacia arriba. Implica que los afectados toman parte desde el inicio del proceso, en el que se define qué pasa, sobre qué actuar y cómo hay que hacerlo. La participación sustantiva se interpreta como una:

 Delegación de poder a través del desarrollo de capacidades y conocimientos de la población y la posibilidad de decidir, realizar acciones y dirigir el cambio.

 Organización que supone considerarla como un instrumento y un vehículo, para hacer participar a la población en la acción comunitaria, partiendo de la propia organización autóctona y llevada por ellos mismos. Alonso (2002)

La participación como proceso implica, que los habitantes tomen conciencia respecto de sus problemas y la comprensión de los aspectos que los explican; reconocerse con capacidades y comprometerse para transformar la realidad, para lo que requieren información y formación; que los ciudadanos se organicen colectivamente y que se creen contextos favorecedores de la creatividad y la innovación, a través del acceso a la toma de decisiones. (Sánchez Alonso, 1986; Gaitán, 2003)

La participación como motivación, en éste sentido se destacan cuatro, como las que impulsan a los ciudadanos a participar y son: ganar control sobre la propia situación y el propio proyecto de vida mediante la intervención en decisiones que afectan al entorno vital concreto; acceder a mejores y mayores bienes y/o servicios que la sociedad está en condiciones de suministrar; integrarse en procesos de compromiso con la comunidad local; y aumentar el grado de autoestima, mediante un mayor reconocimiento, por parte de los demás, de los derechos, las necesidades y las capacidades propias. (Hopenhayn, 1998)

La participación como forma de poder social se ejerce, tomando o influyendo en decisiones vinculadas con las políticas, organismos y programas sociales, lo que requiere, en muchas ocasiones, desbloquear accesos al poder. (Alonso, 2004)

Los elementos que caracterizan la participación comunitaria desde un enfoque de desarrollo humano y que contribuyen a diferenciar modelos de política social en el ámbito local son:

La función de la población y de las instituciones. Se trata, como señalan, de orientar las prácticas al desarrollo del poder de actuar de las personas y los colectivos. La población y las instituciones deben jugar un papel activo, incorporando a ambos en el proceso desde el primer momento. Supone plantearse cómo influir para que las instituciones den prioridad a políticas y programas integrales y de prevención. (Le Bossé y Vallerie, 2006)

 En relación al tipo de objetivos que se persigue, la participación puede entenderse en un doble sentido: Estrategia del político y/o técnico para alcanzar los objetivos por él definidos, siendo la participación una mera estrategia de arriba-abajo. Objetivo de intervención social, es decir, como proceso, de abajo-arriba. (Taylor y Roberts, 1985)

 El método de trabajo propuesto es el de reflexión-acción-reflexión, básico para el desarrollo interiorizado y sostenido de capacidades de las personas, creando y fortaleciendo mecanismos que permitan canalizar estas demandas de manera efectiva, influyendo en el diseño, seguimiento y evaluación de políticas y programas sociales. (López de Ceballos, 1989; Park, 1992)

 Se utiliza el conocimiento formal de los profesionales y el informal de la población, integrando así racionalidad técnica y social en una transferencia de conocimientos en una doble dirección que permite socializar el conocimiento. (Alonso, 2002)

 El profesional tiene como objetivo prioritario la incorporación de la población al proceso de desarrollo desde el primer momento, propiciando un proceso sostenido a través de ritmos inclusivos. (Alonso, 2002)

 La intervención se vincula a micro proyectos avalados por la misma comunidad de abajo-arriba, dado que son éstos los que transcienden y perduran. Una intervención comunitaria basada en una política social con enfoque ecológico orientada a compatibilizar la integración social y el fortalecimiento de las competencias de la comunidad. (Alonso, 2002)

En términos generales, podemos decir que la participación ciudadana es un proceso dinámico, lento, complejo y activo, dónde las dimensiones social e individual actúan de manera transaccional, dando luz a una compleja amalgama de interacciones, orientadas a favorecer el crecimiento cualitativo de los sujetos involucrados, con sus propias dinámicas y niveles de expresión y en orden a la intensidad de la percepción de sus necesidades.

Dirección-E: [email protected]

A %d blogueros les gusta esto: